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domingo, 28 de enero de 2018

Bilbolandia, esa ciudad

Una ciudad llamada Bilbolandia

El turismo espectáculo

Bilbao para turistas

Bilbao está de moda y aparece entre los destinos turísticos predilectos de las agencias de viajes de medio mundo y, ya se sabe, en río revuelto, ganancia de pescadores. No sé si una ciudad puede acumular suficientes atractivos en su vida cotidiana como para que el turista, ávido de novedades, vea cubiertas sus necesidades, pero, qué narices, si no las hay, las creamos.

Bilbolandia era necesario

Bilbao ha sido tradicionalmente una ciudad anodina, sin grandes atractivos turísticos y, la verdad, hasta la llegada del Guggenheim, resultaba bastante extraordinario encontrarse con turistas por sus calles a pesar de tener, ya entonces, uno de los mejores museos de arte de la Península Ibérica, el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Pero es que hay que tener en cuenta que al turismo de masas de hoy en día no le interesa demasiado el arte, le interesa, sobre todo, el espectáculo y de eso no teníamos.
Con el Guggenheim llegó el espectáculo a la villa pero, claro, con un museo no es suficiente para generar la afluencia de público que necesita una ciudad como Bilbao, así que era necesario aportar nuevas sinergias que se sumaran al potente tirón de la pinacoteca y se creó Bilbolandia, una ciudad de ensueño, fantasía y glamour para gozo y disfrute de sus visitantes. Y, cómo no, uno de los activos fundamentales de Bilbao está en su Casco Viejo, así que era necesario sacarle rendimiento y, por lo tanto, aunque tengamos que tergiversar un poco las cosas para darle un ambiente más cool, ya que el auténtico no vende, no hay problema, porque los expertos en marketing son capaces de eso y de mucho más. Bilbolandia ya está preparado para salir al mundo.

Los bilbaínos amamos Bilbolandia

Bilbolandia no es una ciudad real. Como cualquier Landia que se precie, es una ciudad inventada, de mentirijillas. Y lo más triste de todo esto es que nos la hemos creído hasta los propios bilbaínos que, ahora, vamos de pinchos a La Plaza Nueva, cuando nunca ha sido, ni siquiera, una zona de chiquiteo. Y es que el poteo, en los tiempos en que era una actividad frecuente entre bilbaínos, se realizaba entre tascas, donde los pinchos brillaban por su ausencia pero, no importa, nos gusta y con eso ya vale. También solemos decir que hemos estado paseando por Las Siete Calles, cuando ni siquiera hemos puesto nuestros pies en ninguna de ellas y si alguna vez se nos ocurre adentrarnos por su intrincado laberinto, nos perdemos. Pero nada de esto importa mientras seamos felices, aunque no comamos perdices.

Querer Bilbao es otra cosa

Seguramente, esto mismo sucederá en la mayoría de destinos turísticos punteros, pero a los que presumimos de amar nuestro bocho nos duele mucho este Bilbao de pandereta, pensado y diseñado para el turismo, mientras la vida en la ciudad y sus barrios está cada día más apagada y triste.
El mercado funciona así, amigo mío.

martes, 17 de mayo de 2016

Un salchichón debajo de la cama

Diversos medios de comunicación se han hecho eco estos últimos días de un suceso acontecido en la habitación de un hotel. Al parecer, un cliente se sintió sorprendido al abrir la cama y encontrarse con una nota que decía: "Si encuentras esta nota en la cama, es que no han cambiado las sábanas". Como es natural, se le quitaron, inmediatamente, las ganas de descansar entre sábanas tan poco saneadas y, siendo usuario de Reddit, decidió compartirlo en la red social y la cosa ha llegado a todos los rincones del mundo mundial.
Lo más curioso es que parece evidente que el cliente autor de la nota debió encontrar algo extraordinario en las sábanas para tomarse la molestia de dejar, no sabemos si por solidaridad, la nota en cuestión. En otras palabras, que las sábanas no debían presentar un aspecto muy reluciente para levantar semejante sospecha y me pregunto cómo habrían de verse para tomar semejante decisión. Porque, además, está claro que si al primer cliente, el que escribió la nota, encontró las sábanas sucias, más sucias las encontraría el siguiente usuario.
Sin embargo, existe otra posibilidad de la que creo que ningún medio se ha hecho eco ¿Y si la nota no la dejó ningún cliente sino algún empleado del hotel despechado con sus jefes? Suena lógico ¿no?
Pues bien, si lo que se quiere es denunciar fehacientemente la falta de higiene en algún establecimiento hotelero, hay que dejar pruebas irrefutables. Y en este sentido, una evidencia incontestable de que no se había limpiado debajo de la cama, se la encontraron mis cuñados en un hotel de un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme. La evidencia, señores, era un magnífico salchichón olvidado debajo del canapé. Esto sí que es una prueba de peso.

La nota que puede hacer muy desagradable tu estancia en un hotel